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Democracia y felicidad, ¿binomio improbable?

Publicado en México Social

17 dic 2021

Como universitario y profesor, mi entera solidaridad y apoyo al CIDE.

 

 

Afectada por un extendido descontento ciudadano con sus magros resultados en bienestar, incendiada por regímenes y líderes que buscan concentrar el poder con la bandera de la voluntad popular y contagiada por una pandemia que sigue desafiando el ejercicio de las libertades, la salud y el futuro de la democracia están en discusión en todo el mundo.

 

Algunos ejemplos de esta preocupación y urgencia sobre el estado actual de la democracia, por comprenderla y discutir con rigor las causas de su erosión, y las posibles rutas para atenderlas, son, entre otros: el Informe del Estado Mundial de la Democracia, de IDEA Internacional, publicado a finales de noviembre de este año; la Cumbre por la Democracia, convocada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el 9 y 10 de diciembre, y también, el Foro Global sobre la Democracia, organizado y convocado por el Instituto Nacional Electoral, la Fundación Kofi Annan, la Comisión de Venecia, entre otros organismos globales de estudio y deliberación pública.

 

La preocupación por la viabilidad de la ruta democrática no es nueva, pero sí es evidente que permea cada vez más en diversos espacios y fronteras.

 

Democracia y la búsqueda de la felicidad

 

Los padres fundadores de una de las democracias más antiguas del mundo, y una de las que están en mayores problemas actualmente, la de Estados Unidos, señalaron en la Declaración de Independencia de las Trece Colonias que “todos los hombres son creados iguales”, y que son poseedores de ciertos “derechos inalienables”, entre los que están el derecho a “la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”. Afirmaron también que “Para garantizar estos derechos, los Gobiernos se instituyen entre los hombres, resultando sus justos poderes del consentimiento de los gobernados”. En otras palabras, la legitimidad misma de una democracia descansa en el ejercicio de un conjunto de derechos ciudadanos, entre los que se encuentran, explícitamente señalados, el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

 

Mientras que el vínculo entre democracia y el derecho a la vida y a la libertad se ha analizado con algo más de detalle, poco se ha explorado su vínculo con la felicidad o como también se le llama, con el bienestar subjetivo (o bienestar autorreportado, como también le llama el INEGI). En momentos en que en el mundo la democracia está bajo asedio por unos, en defensa por otros, bajo cuestionamiento por casi todas y todos, explorar cuál es la relación entre bienestar subjetivo y democracia nos da una mirada diferente, complementaria, sobre la salud de este régimen político. Los datos presentados se refieren a México, con base en la edición 2020 del Latinobarómetro, la más reciente.

 

Satisfacción con la democracia y con la vida

 

La satisfacción con el funcionamiento de la democracia es uno de los indicadores más usados para identificar el grado de salud de una democracia. Una sociedad que reporta alta satisfacción con la forma en que su democracia funciona, es una sociedad en la que se puede esperar que apoye a dicho régimen si llega a encontrarse ante algún desafío o amenaza. Una democracia funcional es aquella que genera condiciones para el ejercicio de los derechos, permite la pluralidad y contribuye así a generar resultados positivos de bienestar entre la población. Por ello es esperable que, a mayor satisfacción con la democracia, también haya mayor satisfacción vital o bienestar subjetivo (y viceversa).

 

Esta relación se puede observar en los datos que arroja el Latinobarómetro para el caso de México (Gráfica 1). A mayor nivel de satisfacción con el funcionamiento de la democracia, tiende a ser mayor la proporción de personas que reportan altos niveles de satisfacción vital: mientras que 61% de quienes están muy satisfechos con la democracia dicen estar también muy satisfechos con su vida, solo 39% reporta ese nivel de satisfacción vital entre los que están nada satisfechos con el funcionamiento de la democracia.



Fuente: Latinobarómetro 2020.

 

El otro extremo del espectro de satisfacción vital confirma la relación: entre quienes están muy satisfechos con la democracia, 7% se encuentran poco o nada satisfechos con su vida, en tanto que entre los que muestran una franca insatisfacción con la democracia, 24% están insatisfechos con su vida en general, tres veces más que los que manifiestan satisfacción con la democracia.

 

Interés en la política

 

El interés en la vida política (más que en las o los políticos) es uno de los pisos mínimos para el ejercicio de la ciudadanía y para la participación en una democracia. Por eso, cuando de la salud de la democracia se trata, es relevante mirar qué tanto interés muestra la población en la política, y en el tema particular que aquí se aborda, indagar cuál es su vinculación con la satisfacción vital, como indicadores del estado de conexión entre la vida en democracia y la felicidad pública.

 

En México, las cifras sugieren, claramente, que un mayor nivel de interés en la política está asociado con mayor satisfacción vital. De la población muy interesada en la política, 60% (3 de cada 5) también están muy satisfechos con su vida; en contraste, de entre quienes no les interesa nada la política, solo 37% reportan altos niveles de satisfacción vital (Gráfica 2).


Fuente: Latinobarómetro 2020.

 

La correlación se confirma si observamos que mayores niveles de insatisfacción vital están vinculados con un interés limitado o nulo en la política. De quienes no están nada interesados en la política, 19% reportan poca o nula satisfacción vital, proporción que baja a casi la mitad, 11%, entre quienes muestra mucho interés en la política. Esta clara asociación entre interés en la vida política y bienestar subjetivo nos dice poco sobre su relación causal: una mayor satisfacción vital, ¿genera mayor interés en la política? o, ¿quienes se interesan más en la política, desarrollan, por esa inclinación, mayores niveles de satisfacción con su vida en general? Mirando el panorama noticioso actual, uno tendería a pensar que es el primer caso, pero no se puede descartar el segundo.

 

¿Autoritarios y felices?

 

Las inclinaciones hacia un gobierno autoritario van de la mano de menores niveles de satisfacción con la vida, aunque en una proporción marginal si se le compara con los niveles de satisfacción de quienes apoya un régimen democrático. En efecto, 81.4% de las personas que ven con buenos ojos un gobierno de corte autoritario y casi 88% de quienes dan su apoyo a una democracia, se dicen muy o bastante satisfechos con su vida (Gráfica 3). El resultado se confirma si vemos el extremo opuesto, los insatisfechos vitales: hay una mayor proporción de personas que se dicen insatisfechos con su vida entre quienes favorecen un gobierno autoritario respecto de quienes apoyan a la democracia (18.6% vs 12% de muy poco o para nada satisfechos), aunque la diferencia es marginal, de solo cuatro puntos porcentajes.


Fuente: Latinobarómetro 2020.

 

Quizá el contraste más destacable en los niveles de satisfacción vital está entre quienes muestran una actitud indiferente hacia la democracia o el autoritarismo. Para quienes piensan que da lo mismo tener un gobierno democrático a otro autoritario, 21.4% o una de cada 5 personas dice estar poco o nada satisfecho con su vida. Es la apatía al tipo de régimen político la que está mayormente asociado con la insatisfacción vital. En otras palabras, bajos niveles de bienestar subjetivo o de satisfacción con la vida estarían asociados (acaso no de forma determinante) con una actitud de indolencia o cierta apatía hacia el tipo de régimen político en que se vive.

 

 

Defender la democracia, es buscar la felicidad colectiva

 

La defensa por la democracia como régimen político de libertades y derechos, y como mecanismo de solución de los conflictos que naturalmente cohabitan en sociedades plurales y diversas —en cuyo ámbito electoral tiene uno de sus asideros más importantes—, es valiosa en sí misma. Defender la democracia también es valioso por su relación con el bienestar subjetivo, t porque es ahí, en democracia, donde las personas pueden buscar libremente su propia felicidad y la de sus comunidades.

 

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