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Nuevos partidos y militancia verificada, ¿representación renovada?

Publicado en Nexos

17 sept 2020

Los partidos políticos en México viven una época de cambios. Que sea un cambio de época, está aún por verse. El surgimiento de Morena, su fuerza político-electoral y, en particular, los resultados electorales de 2018 y 2019, dan indicios de una transformación en el sistema de partidos. El voto popular rediseñó la correlación de fuerzas políticas. Sin embargo, habrá que ver si cambiará y cómo, la lógica de la representación ciudadana por la vía partidista, lo que implicaría una auténtica transformación.

 

El sistema de partidos y su papel como mecanismo de representación política y ciudadana tendrá nuevos ajustes. Dos datos dan cuenta de ellos. En vísperas del arranque formal del proceso electoral federal 202-2021, el 4 de septiembre pasado el Consejo General del INE discutió y decidió sobre las solicitudes de registro de nuevos partidos políticos, y al mismo tiempo dio a conocer las cifras de afiliación de militantes de los siete partidos que ya cuentan con registro. 

 

Respecto de los nuevos partidos, con votaciones diferenciadas en cada caso, el INE rechazó la solicitud de registro como partido político de seis organizaciones, y se lo otorgó (con la mayoría mínima de votos de 6-5) al Partido Encuentro Solidario, reedición del que participara en la elección federal de 2018 como Partido Encuentro Social. La discusión pública se ha concentrado sobre todo, hasta ahora, en la negativa al registro de Libertad y Responsabilidad Democrática, o Partido México Libre, liderado por Margarita Zavala. Como ocurre en nuestro sistema electoral, será el Tribunal Electoral el que revise la decisión del INE ante la impugnación que ya interpuso esta organización o cualquier otra respecto de la negativa a la obtención de su registro como partido.

 

Más allá de la negativa al registro de nuevos partidos, la mera existencia de siete solicitudes de nuevas organizaciones partidistas (de más de 100 que originalmente habían manifestado su intención de constituirse como tal), y que recabaron miles de firmas de afiliación, sugieren una aparente paradoja: a pesar de la profunda desconfianza ciudadana hacia los partidos políticos en México, éstos gozan de relativa buena salud, dado el cúmulo de afiliaciones reportadas por las aspirantes a nuevos partidos.

 

Sin descartar a las seis organizaciones a las que el INE decidió no otorgarles su registro como partido político (por distintos motivos, como recursos de origen no comprobado, número insuficiente de militantes reportados, afiliación corporativa, entre otros), todas ellas lograron afiliar a casi 2 millones de personas, lo que representa 2.2% de la población mayor de 18 años en el país en 2020 (ver Tabla 1). Una cifra nada despreciable en un país donde, como veremos más adelante, casi 9 de cada 10 personas le tienen poca o nula confianza a los partidos.

 

Para tener una idea más cabal de la dimensión de la militancia partidista en México, sumemos a este número el total de militantes que hay en los partidos que ya tienen registro, es decir, los partidos de siempre. Esta es una cifra que se dio a conocer en un informe en el seno del Consejo General del INE, también el pasado 4 de septiembre.

 

No es ocioso recordar que estos datos de afiliación resultan de un proceso de depuración que hicieron los partidos a sus padrones de militantes, en acuerdo con la autoridad electoral. ¿Por qué la depuración? Desde 2012 y hasta febrero de 2020, el INE había recibido cerca de 20 mil quejas de personas que habían sido indebidamente afiliadas a algún partido político, uno de los volúmenes de quejas más grandes recibidos por la autoridad electoral por una sola causa. Cada queja implica, por ley, una multa para los partidos, por lo que a inicios del 2019 se llegó al acuerdo de que los institutos políticos hicieran una depuración de sus padrones.

 

Gracias a la depuración y verificación de los padrones de afiliados partidistas (verificación que por ley el INE debe hacer cada tres años), hoy sabemos que los 7 partidos nacionales, en conjunto, tienen 5.5 millones de afiliados (ver tabla 2). Con excepción del Partido Verde (PVEM) y Morena, el resto de los partidos registran menos afiliados en agosto de 2020 de los que dijeron que tenían en enero de 2019, antes de que iniciaran la depuración de sus padrones. La reducción más drástica es del PRD y el PRI (75% y 68% menos, respectivamente), sin embargo, estos mismos partidos son los que tienen el mayor número de militantes registrados: 3.7 y 4.4 millones, respectivamente.

 

Llama la atención que el Partido Verde reporte más del doble de afiliados en agosto de este año respecto de los que decía tener hace a año y medio (304 mil vs 660 mil), el mayor incremento porcentual en el periodo. Sobresale también que el partido triunfador en la elección de 2018, Morena, tenga poco menos de 500 mil afiliados registrados (466.9 mil), casi los mismos que el PT (448.4 mil).

 

Son conocidas las dificultades que Morena ha enfrentado para consolidar su padrón de afiliados, y es muy probable que tenga más militantes de los que las inconsistencias de su padrón le permiten verificar con certeza. Pero no deja de ser sorprendente el número de militantes que registra este partido, el que ganó la presidencia de la República en 2018, con 30 millones de votos. El PAN, reporta el número más bajo de militantes afiliados, solo 252 mil, un tercio menos que en enero de 2019. En total, los siete partidos políticos con registro nacional tienen un número de afiliados que equivale al 6.3% de la población mayor de 18 años del país.

 

Sumemos ahora ambas cifras: las personas reportadas como afiliadas por las organizaciones que pretendían obtener su registro como partido político y las de los partidos políticos que ya tiene registro. El gran total de esta sumatoria es de 7 millones 457 mil personas con algún tipo de afiliación político-partidista activa, verificada y válida, es decir, 8.5% de la población mayor de edad en el país. Casi una de cada 10 personas de 18 años o más está afiliada a un partido político o se afilió a una organización que quería constituirse en tal.

 

A los partidos nacionales habría que agregar a los estatales que en México suman 46, en 22 entidades federativas: 17 de ellos son versiones locales del partido Nueva Alianza (que perdió su registro nacional al no alcanzar el requisito de 3% de la votación válida en la elección federal de 2018) y 5 lo son de que hasta 2018 se llamaba Partido Encuentro Social, y que ahora resurge como Encuentro Solidario, ya con registro otorgado. En otras palabras, a nivel local, la vida partidaria también tiene su dosis de vitalidad.

 

Esta historia resulta paradójica frente al desencanto ciudadano con los partidos, que ha venido agudizándose desde hace al menos un par décadas en México, parte de una tendencia global. Según el Latinobarómetro 2018, 86.3% de las y los mexicanos tiene poca o ninguna confianza en los partidos políticos (57.6% no tiene ninguna confianza) y de acuerdo con la Encuesta Mundial de Valores de 2012 —para México—, casi 80% de la población adulta confía nada o poco en los partidos (42.9% dice confiar nada).

 

Visto desde otra perspectiva, hay una proporción de entre 10% y 15% de la ciudadanía mexicana que sí confía (algo o totalmente) en los partidos políticos y ahí se encontraría (así lo diría el sentido común) el cúmulo de población que participa activamente (o una parte de ellos) como militante partidista, o interesada en formar uno.

 

¿Cómo entender esta paradoja? ¿Qué nos dice sobre la vitalidad de los partidos como entidades de representación ciudadana? Entre las respuestas posibles hay una probable. Los partidos en México no son tanto una demanda ciudadana para tener un espacio activo y vital de representación de sus intereses, con perfil ideológico y programático más o menos definido, y que buscan expresarlos en cargos de elección popular.

 

Más bien, los partidos son la manifestación de maquinarias políticas y de obtención de votos, que agregan, en efecto, algunos intereses, pero sobre todo de quienes los organizan (la élite o clase política), más que de su base de militantes. Desde el realismo político, se dirá que siempre ha sido así, y algo razón en ello, pero ¿podrán los partidos seguir sobreviviendo por esa ruta? ¿Qué tanto más resistirán la creciente desconfianza ciudadana los modelos de organización partidista vigentes? Al inicio de este siglo el PNUD se preguntaba, ¿qué tanta pobreza podía soportar la democracia? Cabría preguntarse igualmente, ¿qué tanto desapego de la ciudadanía podrán soportar los partidos políticos?



Nota: se destacan en rojo las afiliaciones válidas de las organizaciones que no alcanzaron el umbral mínimo de 0.26% del Padrón Electoral (233,945 militantes) que exige la ley. Según la ley, además del mínimo de afiliaciones, para obtener el registro como partido, las organizaciones deben mostrar presencia nacional: haber organizado asambleas en al menos 20 estados del país o en 200 distritos electorales federales.

Fuente: https://bit.ly/2ZtDO6R

Fuentes: https://bit.ly/3hpCmIV y https://bit.ly/2Rks5mK


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